la gente quiere reformas políticas ya

Fuente: la república. 09.jun.2019

Escenas antirrepublicanas: Cholos provincianos solo para la foto

“En el Perú nadie se definiría como racista. Sin embargo, las categorías raciales no sólo tiñen sino que a veces condicionan nuestra percepción social. Están presentes en la conformación de grupos profesionales, en los mensajes que transmiten los medios de comunicación o en los llamados concursos de belleza, para mencionar algunos ejemplos cotidianos… El racismo existe no obstante que los términos raciales, suprimidos en los procedimientos de identificación pública, no tienen circulación oficial. Pero un fenómeno por encubierto y hasta negado, no deja de ser menos real. (…) Por racismo entendemos algo más que el menosprecio y la marginación: entendemos un discurso ideológico que fundamenta la dominación social teniendo como uno de sus ejes la supuesta existencia de razas y la relación jerárquica entre ellas. El discurso racista en el Perú se estructuró alrededor de la relación blanco-indio y después se propaló a otros grupos sociales. La fuente de este paradigma debemos buscarla en el establecimiento de la dominación colonial.”

Alberto Flores Galindo (“República sin ciudadanos”)

Publicado: 2019-06-09


Tras el derrumbe del régimen colonial español, nuestra primera Constitución Política, la de 1823, fundó al Perú como república. Desde entonces, todas nuestras doce constituciones han declarado que somos una República. Ciertamente, nuestros primeros constituyentes eran conscientes de que las condiciones sociales, económicas y culturales del Perú de entonces no eran las de una república, que estábamos mucho más cerca de parecernos a una arcaica sociedad feudal que a una moderna sociedad capitalista. Tanto así que estuvimos muy cerca de no fundarnos como república sino como monarquía.

Entonces, cuando el Perú se fundó como república, los fundadores de la patria, más que instituir en ese momento una república efectiva, estaban formulando la promesa de que en un futuro próximo el Perú se convertiría en tal. Esa es la promesa republicana a la que se refiere el amauta Jorge Basadre (“La promesa de la vida peruana”). El gran problema del Perú es que han pasado casi dos siglos y la promesa aún no termina de cumplirse. Y en ese incumplimiento, una responsabilidad fundamental recae en las castas dirigentes o dominantes que hemos tenido, que nunca llegaron a constituirse en auténticas élites políticas que comandaran la construcción de la república y que, por el contrario, fueron un factor que ha impedido o retrasado esa construcción republicana.

Con frecuencia somos testigos de escenas que demuestran que el Perú aún no termina de ser una República; que hay ciertas “élites” sociales que se siguen comportando como si el Perú no fuera una sociedad de ciudadanos (de personas libres, igualmente dignas y con los mismos derechos y deberes), sino una sociedad colonial o estamental, de señores y lacayos (donde unos pocos tienen privilegios y prerrogativas desde cuya posición dominan o desprecian al resto de la sociedad).

Esta semana, el muy leal congresista Carlos Bruce nos regaló una de esas escenas, digna de antología. Entrevistado en RPP, se refirió al presidente Vizcarra –quien pocos meses atrás le había dado la confianza de nombrarlo ministro de Estado– en los siguientes términos:

“No nos olvidemos que el presidente Vizcarra no es un político; es un exgobernador regional de una región muy pequeña (Moquegua).” 

Para Bruce, los gobernadores regionales no son políticos; no están a su nivel, porque de hecho él se considera un político muy experimentado, que sí sabe y entiende cómo funciona el Congreso. ¿Qué pensará de los alcaldes? 

Sigue Bruce: 

"[Vizcarra] candidateó en una lista… inicialmente él estaba para ser congresista de Moquegua, cuando entró a Peruanos por el Kambio, y de pronto dijimos: 'necesitamos un provinciano en la plancha porque hay demasiados blancos…' Estaba Meche Araoz, estaba Kuczynski. Y ahí estaba Vizcarra, así que dijimos: 'pongámoslo a Vizcarra' y luego terminó como presidente por lo que todos sabemos.” 


Por si no bastara, ante la afirmación de Bruce de que “'necesitamos un provinciano en la plancha porque hay demasiados blancos”, un periodista de RPP, en lugar de hacerle notar su impertinencia, solo atinó a confirmar: “es cierto, es cierto.” En un momento posterior, otra periodista del mismo medio asume el rol de defensora de Bruce afirmando que “lo que el congresista quería hacer era burlarse de los blanquitos.” 

Por supuesto, en principio, no hay problema alguno en referir la condición de provinciano del presidente. El detalle está en la actitud condescendiente y de superioridad que tiene Bruce al decirlo; y en el hecho que termine reconociendo –con una “honestidad brutal” que hay que reconocerle– que la presencia de Vizcarra en la plancha solo fue por cuestiones de marketing electoral, para dar la apariencia que los blancos de PPK eran inclusivos. 

En el contexto de sus declaraciones, la expresión “provinciano” utilizada por Bruce más que aludir a su carácter no limeño (como pretendió justificarse después, negando ser racista), denota claramente una actitud racista y clasista, ya que al oponer “provinciano” a “blanco”, está asumiendo “provinciano” como equivalente a “no blanco” (cholo, mestizo, cobrizo o algo parecido); y al asumir que por ser provinciano o un simple exgobernador regional no es político, asume que es inferior, que no está a su nivel.

Como bien señala el Editorial de La República “Supremacismo electoral” (07.JUN.2019):

“El rosario de sandeces que pueden caber en el espacio tan pequeño de estas declaraciones es impresionante. En pocas frases y adjetivos, Bruce ha proyectado una radiografía de la política tradicional que practica cierta élite nacional, plagada de prejuicios que lamentablemente han sido llevados a la acción de gobierno y elaboración de leyes.”

Las declaraciones de Carlos Bruce fueron tan desafortunadas que hasta Madeleine Osterling tuvo que decirle: “Congresista Bruce, de muy mal gusto su comentario, solo fomenta mayor división y clasismo”. Hasta allí muy bien. Seguidamente, la misma Madeleine le recomienda al congresista: “Hay ciertos pensamientos que deben conservarse en el ámbito privado.” Para la señora Osterling, el problema no es ser racista o clasista, el problema es expresarlo públicamente.

Sin embargo, como señala Marco Avilés, dentro de lo ocurrido hay algo valioso:

“(…) la transparencia del congresista –voluntaria o involuntaria– termina siendo útil porque nos muestra cómo finalmente se discute la política y el poder dentro de los círculos políticos. Esta manera casi costumbrista o folclórica de definir una candidatura como ‘ok tenemos muchos blancos y ahora solamente falta alguien como de color’… Gracias a estas declaraciones del congresista Bruce tenemos una prueba.”

Ahora bien, para no quedarnos en la denuncia, enfrentar el problema señalado requiere que el mismo sea asumido políticamente. Una primera cuestión que deberíamos lograr es conformar una élite política y dirigencial con valores y prácticas republicanas: ética, responsable, representativa, inclusiva; una nueva clase política que sí ponga sobre sus hombros la tarea de terminar de construir la república, lo que implica superar las taras de la sociedad colonial que aún subsisten, como el racismo. Y eso pasa por asumir el problema como parte de las políticas públicas del Estado peruano.

En tal sentido, como también señala Marco Avilés:

“El racismo tiene que ser un tema discutido en las escuelas primarias, en las escuelas secundarias, en las universidades. Tiene que convertirse en parte del currículo escolar. Así como estamos hablando de un enfoque de género dentro del currículo educativo, tenemos que hablar también de uno que incentive la educación antirracista. Lo que ahora está produciendo el sistema educativo en el Perú son personas que no saben qué es el racismo. El Perú necesita también una política antirracista transversal que no solamente se enfoque en acciones dentro del Ministerio Cultura, sino que atraviese el Ministerio de Educación, del Interior o de Justicia. Tiene que ser una política integral antirracista. A mí me parece que las redes sociales cumplen un papel importante hasta cierto nivel, porque permiten visibilizar, crear indignación, pero las redes sociales no son el espacio donde se definen las políticas para resolver esas situaciones. Entonces necesitamos que este tema del racismo se discuta a nivel político, en el Congreso y en el Consejo de Ministros.”

Enfrentar el problema del racismo que impregna todas nuestras relaciones sociales no se puede seguir soslayando. Cumplir la promesa republicana, es decir, convertirnos en una comunidad política de ciudadanos libres e iguales, que pueda garantizar a cada uno de sus miembros un mínimo de bienestar y de oportunidades, así lo exige.


Escrito por

Carlo Magno Salcedo

Abogado. Constitucionalista. Profesor de Ciencia Política (San Marcos) y Derecho (San Martín). Político. Cocinero. Cumbiero intelectual.


Publicado en

Cuestiones de la Polis

Derecho, sociedad, cultura y política en el Perú y en otras polis del mundo.